10-06-2011

La Noche Maldita


Viene a mi memoria aquella historia tenebrosa de un gran amigo. Recuerdo que me la contó cuando, acompañados de una cerveza, recordábamos los peores momentos de nuestras vidas. Ñoqui, como le decían por su aspecto de papa y su tamaño pequeño, traía a la mesa la historia más demoniaca que había escuchado jamás.

Es extraño como el demonio se apodera de la gente. Muchos reconocen su existencia, porque lo han visto, escuchado o han tenido algún tipo de percepción de su maldad. Yo no creía en el demonio, más su historia me hizo dudar...

Ñoqui trabajó por bastante tiempo en el norte, frecuentaba las minas por su trabajo. Es costumbre, que en esos solitarios e inhóspitos parajes, las fuerzas malignas tomen cierto protagonismo. Mi amigo recorría todos los días la misma ruta al hotel, donde descanzaba del agotador trabajo de la mina. Una noche, como cualquier otra, quizás con un poco más de niebla, Ñoquí tomó el auto rumbo al hotel; de pronto, el auto comenzó a disminuir la velocidad, sin ninguna explicación, hasta detenerse. Indignado, cansado y deseoso de una cerveza, Ñoqui entró en un furioso arranque de locura y comenzó a patear el auto. No entendía que había ocurrido, probablemente había alguna falla en el motor por los cambios de temperatura. En medio de la nada, un pequeño malestar comenzó a agobiar su cabeza, no le dió mayor importancia y luego de algunos intentos, el auto encendió y continuó su camino. El dolor de cabeza iba aumentando a medida que avanzaba en la ruta, no tardó más de quince minutos y por fin llegó al hotel, pidió las llaves de su habitación y decidió acostarse. El dolor se intensificaba y se expandía a otras zonas de su cuerpo. Ñoqui siempre fue un hombre sano, abatido se convencía de una enfermedad enigmática que iba apoderándose de él. Pasaron dos horas, la insoportable jaqueca, acompañada de abrumadores dolores de huesos y sudor, tenían a Ñoqui consternado. De pronto, la luz de la habitación comenzó a parpadear y empezó a sentir un calor terrible en sus genitales. La confusión era tal, que Ñoqui miraba cada esquina de la habitación para encontrar una señal, algún indicio de lo que pasaba. Frente a sus ojos, un hombre apareció, no podía divisar su cara en la penumbra de la habitación, pero su impetuosidad aterró al pobre Ñoqui, que tendido en la cama no paraba de sudar.

-¿Qué buscas?, preguntó Ñoqui.
-Algo que sólo tu puedes entregarme pequeño, le respondió el hombre.
-¿Quién eres?
-Mefistófeles, ¿no te han hablado de mi tus compañeros? Algunos me conocen.
-¡Maldito! ¿Dime qué buscas en mi?
-¿Te han hablado de mi?
-Si, en par de ocasiones.

En su carente conciencia, Ñoqui asociaba la imagen de este espectro, a su debilidad, a una alucinación.

-¿Dime qué buscas?, por favor. Insistía Ñoqui.
-Busco algo que sólo tu puedes entregarme, repitió el hombre.
-¡Maldita sea! ¡Dime que quieres!

Los testículos de Ñoqui comenzaron a aumentar de tamaño súbitamente.

-¡¿Qué haces maldito?! ¡Déjame en paz!
-¿No querías saber que buscaba?, pequeño curioso. Comentó el hombre con cierto sarcasmo.
-¡Basta!, ¡por favor!

Con una risa sutil, Mefistófeles observaba como los testículos de Ñoqui alcanzaban un tamaño sobrenatural.

-¡Basta! Mierda! ¡Te lo imploro!, ¡basta! Gritaba Ñoqui, mientras el dolor se volvía insostenible.
Sus testículos habían alcanzado un tamaño que excedía los límites de la naturaleza.
-Quiero tu semen. Murmuró Mefistófeles, mientras se paseaba lentamente por la habitación, con aspecto de curiosidad.
-¡¿Qué mierda quieres?! Con dolor, gritó Ñoqui, intentando enfrentar los ojos del maligno.
-Que redundante eres pequeño. Quiero tu semen. Repitió Mefistófeles.
-¡¿Por qué el mio y no el de otro?! Preguntaba Ñoqui, mientras apretaba las sábanas a causa del dolor.
-Por tu tamaño. Eres pequeño, el semen de las personas de tu tamaño es de mejor calidad. Mides exactamente 1.51, la altura que llevo buscando durante mucho tiempo en este lugar. Por tradición, la familia maligna, heredera del infierno, ha perpetuado la especie gracias a pequeños hombres -como tú- que llegan a este lugar cada cientos de años. Se cumple -nuevamente- la profesía: luna llena, el metro cincuenta y uno, y tu alma oscura. ¿Estás conforme ahora? ¿Qué ya sabes la verdad? No acostumbro a confiar en pequeños, pero me has inspirado confianza. Tenemos algo en común, aunque lo ocultes.
-No puedes castigarme así. Te imploro que tomes a otro en mi lugar y te entregaré mi alma.
-Tu alma no me sirve, ya estás contaminado por las maldades de este aburrido mundo. Necesito tu semen.
-¡Ten piedad por favor! ¡Ten piedad! Dijo Ñoqui al impetuoso Mefistófeles.
-¡Basta de rogar! Respondió indignado Mefistófeles.
-No te estoy pidiendo un favor. ¡Esto es una orden! ¡Eres el elegido y me entregarás tu semen ahora!

La habitación se llenó de humo, dos enredaderas inmovilizaron a Ñoqui, mientras Mefistófeles introducía en su boca algodón untado en azufre. Ñoqui, en un inutil intento, trataba de escapar de las garras del maligno, pero no existía forma alguna. Un intenso viento frio abrió las ventanas de la habitación y en la oscuridad, Mefistófeles comenzó a reir a carcajadas. Entretanto, cada testículo de Ñoqui comenzaba a hincharse sobrehumanamente, hasta expeler una pequeña gota de semen que daba a la vasija demoniaca de color negro. Gota a gota, el semen de Ñoqui fue entregado involuntariamente al demonio. Con resignación y lágrimas, Ñoqui aceptaba su esterilidad de por vida. Una vez recolectada toda la suma necesaria para la procreación maligna, Mefistófeles liberó de los dolores al pequeño Ñoqui, quien en un incesante suspiro, vió disiparse la imagen oscura de aquel hombre. La luz de la habitación se intensificaba, Mefistófeles ya no estaba, el humo y el viento se habían desvanecido en la noche, para no dejar rastro del terrible episodio que Ñoqui no olvidaría jamás.

23-03-2008

El Hombre y la Cama de Púas

Mami con sus deseos fervientes de sangre, caminaba lentamente por el estrecho pasillo de su departamento, ingeniando quien podría ser la próxima victima de su espeluznante experimento: La cama de púas. Nadie sabía que bajo las aterciopeladas sábanas y el exquisito perfume a lavanda que aromatizaba toda la habitación, se escondían malévolas intenciones de destrucción, dolor y muerte. Desquiciadas púas se asomaban excitadas en busca de una piel masculina que penetrar. Mami, con su demoniaca cabeza, había ideado todo de tal forma, que el hombre que entrara a su casa y se tendiera en su cama, sentiría un plácido calor que comenzaría a entibiar su entrepierna. Ellos, con suma inocencia de lo que podría acontecer, se dejarían engañar por esta malévola trampa, su cuerpo reposado comenzaría a ser víctima de una pesadilla de la que no podrían escapar jamás.

Mami continuaba inquieta, cada minuto que pasaba intensificaba sus deseos de matar, Mami quería un cuerpo ya, un cuerpo saludable. Entre paso y paso, una imagen llegó a su cabeza plasmando el rostro de un hombre. Instantaneamente, Mami tomó el teléfono y citó a este pobre pelele en su hogar. No paso mucho tiempo, para que el amable Bicho tocara la puerta de Mami, dispuesto a realizar una sesión de Reiki. Mami, sabía muy bien como manipular a este tipo de especímenes, por lo que con una sonrisa cálida lo invitó a tomar asiento y le ofreció algo dulce. Se dió inicio a una conversación que sería el comienzo de una pesadilla. Bicho, ingenuamente, comió y bebió cuanto Mami amablemente le ofrecía. De pronto, sus piernas comenzaron a temblar, su pene se erectó involuntariamente y sus orificios se dilataron sin explicación. Mami, demostrando una afectuosa preocupación, llevó a la victima a la cama que no olvidaría jamás. Bicho estaba algo mareado, preocupado por la sensación extraña que invadía su cuerpo, su erección se prolongaba hasta volverse insoportable. Las lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas, aterrado pensó que la cama sería el único lugar donde su mutación genital acabaría. Sin embargo, sus testículos alcanzaban un tamaño desconmesurable, mientras su pene sufría la erección más brutal jamás vista. Mami observaba con vehemencia el sufrimiento de Bicho. Este, atónito, frente a la diabólicas carcajadas de Mami, quiso levantarse y correr, sin embargo, ya era tarde. Las púas comenzaron a asomarse y súbitamente envolvieron sus brazos, piernas y vientre de Bicho. La escena era nefasta, el sufrimiento -de aquel hombre- era perturbador. Al otro lado de la habitación, Mami -sonriente- se apoyaba en la pared mientras encendía un cigarrillo. Bicho, trataba de escapar, pero el dolor agonizante lo aturdía. Mami había llevado a cabo la primera parte de su plan. Bicho, consumido por el dolor, ya estaba a su disposición.

No pasaron diez minutos, cuando golpearon la puerta del departamento. Hacía ingreso, el insaciable negro Akiro, nigeriano de grandes dotaciones, con quien había compartido agradables tertulias en casa de su amiga Cynthia. Mami con un cuchillo y un cigarro, le guiñó un ojo, y Giorgio comenzó a tomar un protagonismo angustiante frente a los desgarradores gritos de Bicho. Atravesò -sin ningún tipo de piedad- los testículos de Bicho, para continuar con una violación sanguinaria. Humillado, ultrajado, violado, mutilado sobre la cama de púas, frente a la mefistofélica Mami y su secuaz Giorgio Jackson.

Mami comenzó a acercarse lentamente hacia Bicho, quien -en su tortuosa lucidez- temblaba de pánico, mientras la orina humedecía su cuerpo. Lo contempló por varios minutos, para disfrutar de la perturbadora mirada, que poco a poco, dejó este mundo. Bicho, había muerto.

07-08-2006

"Sueños libidinosos de una burbuja de jabón"

Pasaban las horas mirando el techo blanquecino, que entorpecía cada intento por dormir. Mil vueltas en la cama, los deseos tormentosos de tener un hombre al lado despertaban todas mis ansias por soñar. Sin embargo, poco a poco, fui cayendo -delicadamente- en un profundo sueño, un sueño tibio y húmedo.

Lo recuerdo perfectamente, caminaba por unos callejones lentamente buscando algún hombre fácil de cazar, sabía que en esos rincones se escondía, aunque no tenía clara imagen ni forma de cómo podía ser. Mis huellas se iban hundiendo en un pavimento mojado por la lluvia y algo de viento movía mi pelo dócil y perfumado para la ocasión. Curiosa e inquieta indagaba cada uno de los detalles que adornaban aquel paraje invernal. De pronto, el golpe intenso de una puerta me sorprendió. Me di vuelta de prisa y observé detenidamente la sombra lánguida de un hombre con sus pantalones a medio caer y su pelo mal cortado. No sentí su aroma, no lograba distinguir su rostro deformado por el alcohol. Se acercaba, cada vez más rápido a mi persona. Sentía temor, temblaba. Sin siquiera esperarlo, me deleité con aquella sorpresa, era Coco. Si, aquel buen hombre conocido en los suburbios Santiaguinos. Tal cual, Coco frente a mi. Asombrada, sin una palabra que decir, comencé a bajar la mirada hacia su protuberante miembro eréctil que me hizo quedar pasmada ante aquella situación. No lo esperé, ni siquiera en la pesadilla más sórdida de mis peores años vi semejante cosa erecta. Coco tenía, aunque duden de mis elocuentes palabras, dos penes y unos testículos desformes. Consternada, con semejante imagen en mi retina, permanecí inmóvil tratando de buscar explicación o solución alguna a mi atormentada pesadilla. Por mi mente rondaban imágenes sexuales de alta nitidez que me permitían analizar los beneficios sexuales que podría otorgarme un hombre con tales cualidades. Ambos erectos, pero de distinto grosor. Uno: delgado, fino y manipulable que no me produciría dolor alguno en una penetración anal. El otro: grueso, fibroso, venoso y duro preparado para situaciones y posiciones de extrema complejidad. Sin embargo, aquellas imágenes iban perdiendo calidad, se difuminaban ante la reacción de Coco frente a mi sorpresa. Coco, el eterno soltero, comenzaba a llorar, cada lágrima era un puñal en mi vagina solitaria deseosa de involucrarlo en un coito casual. Él, combatiendo con un sollozo desgarrador me narraba su triste situación: “(…)Yo no soy un eterno soltero por decisión personal, es una consecuencia de mi espeluznante capacidad sexual; las mujeres me temen al encontrarse con mis penes, al lamer mis testículos… ¡Esto es un castigo del señor!”, decía con sus ojos inundados en lágrimas puras y fehacientes. La declaración de Coco fue tan cruda y descarnada, que desperté con un grito que me hizo reventar en llanto, mis sábanas húmedas, mis palpitaciones vaginales de extrema intensidad habían quedado sin satisfacción alguna. Había comprendido que Coco había tenido semejante deformación genital a causa de dormir en el lecho de Mami. Hoy, a pesar de mis ganas incalculables de ser penetrada, tengo claro que un amigo no se debe tocar y de su desgracia jamás me he de burlar.
Mami Steph

06-08-2006

"TODO POR EL SEXO"

Todo comenzó aquella noche de sábado, cuando con algunos amigos compartíamos algunos tragos en mi departamento. De pronto, en medio de las conversaciones afloró el nombre del aclamado maestro Pet, viejo amigo con ciertas perturbaciones mentales que amenizaba noches aburridas y monótonas. El tiempo pasaba lentamente, las dosis de alcohol se digerían en dosis muy reducidas... necesitabamos de su presencia... decidí llamar a mi estimado Pet...

-Aló, ¿Pet?
-Sí, ¿quién habla?
-La Mami
-Ah, ¡Hola Steph!
-Oye tengo carrete
-OK, iré a mi casa y te llamo.

Luego de esta breve conversación, pensamos que esa noche no tendríamos la majestuosa presencia de este gran personaje en nuestra fiesta, así que continuamos bebiendo para pasar el mal rato. Unos veinte minutos después, decidí volver a llamar a Pet, insistiendo para que participara de nuestro gran evento…

-Aló, ¿Pet?
-Si
-¿Dónde estás? ¿Vas a venir?
-Si, estoy afuera de tu casa
-¡¿Qué?! ¿Tan rápido?
-Si, ya llegue.

Impresionados ante semejante rapidez, corrí a abrirle, el ambiente estaba algo amargo, necesitábamos un poco de acción.

Pet entró a mi hogar y tomó asiento, saludando a los presentes, como de costumbre. Los diálogos comenzaron a fluir, hasta que Pet entre conversación y conversación pide un minuto para hacernos un comentario. Comentario, que sería recordado por el resto de nuestras vidas…

-¿Si? ¿Qué pasa Pet?
-¿Quiero decir algo?
-¿Qué?
-¡No tengo sexo hace 6 años!

El impacto de tal confesión fue tan grande, que todos tomaron su brebaje para pasar la impresión de aquel comentario. Pet llevaba ¡¡¡¡6 años sin sexo!!!! Algo que no era menor, la única fémina presente (con excepción de Mami) apretó las piernas y con la mirada inquieta, intentó decirme: ¡¡¡¡SACAME DE AQUI!!!! Sin embargo, ya era tarde... Pet se sentó a su lado. La chica desconcertada lo miraba con impacto, mientras Pet bebía y bebía para sacar ese muro de timidez que generalmente lo cohibía. Pet aquella noche estaba dispuesto a todo, a entregarse por completo a la suerte sexual. ¡¡¡Quería penetrar!!! lo que fuera, quien fuera... Deseaba explotar de placer e inundarnos en sus fluidos musgosos de antaño.

La chica se inquietaba a cada minuto que pasaba, dejó de beber, no quería morir, pues sabía que Pet se aprovecharía de los excesos del alcohol y atacaría incluso usando pretextos necrofílitos. Todos teníamos claro que era peligroso, que su cara de deseo y desenfreno, junto a sus perversas ganas de follar eran -casi- incontrolables. Le temíamos, maldecíamos el momento en que lo habíamos llamado; pero todo estaba hecho, definitivamente, no había vuelta atrás. Pet estaba entre nosotros, erecto para atacar.

El sudor comenzaba a aflorar en el rostro de la muchacha, que asustada veía como las facciones de Pet se iban modificando hasta ser un monstruo sexual, que prácticamente la veía desnuda. ¡Pet no se controló un segundo más! El pudor ya había quedado fuera, el exceso de alcohol en su cuerpo lo hizo perder todo tipo de límites. Procedió lentamente a sacarse su zapato y con su calcetín húmedo, comenzó a rozar la pierna de aquella muchachita, que ¡¡¡¡¡aterrada!!!!! lo miraba consternada sin saber que hacer. Pet comenzaba a atacar, Pet estaba dispuesto a todo, a ¡¡¡todo por el sexo!!!

El público expectante ante semejante actitud, comenzó a presionar a Pet para que se entregara a sus deseos carnales...

-¡¡¡Que baile!!! ¡¡¡Que baile!!!!

Eran las palabras del público, que poco a poco dejaba el shock atrás para ser envuelto por un ataque de risas desenfrenadas. A Pet le daban lo mismo las carcajadas, Pet sólo quería conseguir su meta y triunfar en un orgasmo etéreo. Fue así, como se paró frente a la chica -que aún seguía desconcertada- para comenzar a mover su pelvis al ritmo de una música toplera. La chica comenzaba a confundirse, no sabía que hacer: si tocarlo, desnudarlo o simplemente callar. Pero la tentación de ver a semejante hombre frente a sus ojos, insinuándose de tal manera, no se podía dejar pasar. La chica -sin duda alguna- reaccionó, tomo la polera de Pet y la comenzó a subir, mientras la pelvis de este se inclinaba protuberantemente hacia adelante. El público aplaudía eufórico, tomando un plumero con el que comenzarían a rozar la entrepierna de Pet. Entrepierna, que con cada roce de las plumas quedaba dura e inquieta, esperando penetrar y expulsar esos billones de espermios reprimidos en esa jaula tibia y harapienta durante años. El roce continuaba, las erecciones de Pet junto a ella, el movimiento comenzaba a ser más intenso, la chica recorría el abdomen de Pet con sus dedos, Pet estaba realmente excitado, su cara era orgásmica, sus deseos afloraban incluso a través de sus manos, de sus dedos intentando apretar un seno. Pet se había transportado a otro mundo, Pet estaba en la ciudad de los senos, disfrutando de cada pezón que su mente perturbada imaginaba.

Pet, agotado del baile, del plumero que lo hacía estornudar, se dio por vencido, se recostó en el sillón luego de bailar un lento con la damisela y murió... El alcohol, el calor de su piel, el movimiento pélvico, las insinuantes palabras sexuales, la polera, su calcetín húmedo, su mirada trastornada, todo... absolutamente todo había sido un rotundo fracaso. Todo por el sexo no había tenido éxito alguno y sus testículos deberían seguir acumulando, quizás por cuando tiempo más, esa cantidad inconmensurable de espermatozoides.
MAMI STEPH

04-08-2006

"La culo 'e zorra o viceversa"

Matrimonio, iglesia, gente sonriendo, felicidad, alegría, arroz, flores, ramos, baile, alcohol, música, ligas, amor... ¡Amor! una palabra que abarca muchísimo, sobre todo en un momento en que dos personas deciden iniciar un camino juntos, encontrar su media naranja y asumir una responsabilidad conyugal para el resto de sus vidas. Sin embargo, ese complemento, esa otra mitad, muchas veces no puede encajar por completo y es ahí cuando comienzan los incidentes, como la historia de Martita...

El matrimonio comenzaba, la gente bailando y disfrutando de un evento de primer nivel, mucho trago, una sonora en vivo tocando, todos felices, la novia algo embriagada y el novio para que decir. Los ambientes se empezaron a calentar, se podía predecir fácilmente -con sólo mirar a los novios- que sus bailes y toqueteos ya estaban destinados a una copulación intensa y duradera por varias horas. Y así fue, que entre baile y baile, los chiquillos desaparecieron. Todos riendo, brindando por esa noche de placer que tendrían "los afortunados", mientras nosotros teníamos que conformarnos con un poco de trago y un trencito. Sin embargo, aún me pesa no haber hablado en el momento indicado. El trago encima y las altas horas de la madrugada me habían borrado por completo ese pequeño dato, que sin duda alguna, hubiese evitado toda la tragedia que aconteció esa noche.

Me habían llegado comentarios de que aquel novio en sus años mozos le llamaban el "Pene de Mamut", cuando jugaba fútbol con los chicos en el equipo local. Dato insignificante en su momento, pero que dentro del contexto que vivíamos quizás pudo ser de gran utilidad.

Así pasó una media hora, hasta que en el magno trencito que habíamos armado se escucha un grito aterrador desde la habitación principal. Todos sorprendidos, la música se corta y en instantes otro grito más. Sin duda alguna, era Martita... La madre y gran parte de los invitados, sin esperar un segundo más, corrieron a la habitación a ver que sucedía y se encontraron con un hecho realmente escalofriante. Martita estaba llena de sangre, mientras Julio (Pene de Mamut) lloraba, consternado, en un rincón con su miembro gigantesco erecto, asombroso e intimidante.

-¿Qué pasó?, pregunté desconcertada.
-¡¡Martita!! ¡¡Martita!!!, me contestó su madre.
-¡¿Qué le pasó a Martita?!
-¡¡¡Julio ha rajado a Martita!!!

Mi cara de impacto fue deslumbrante y acudí inmediatamente en su ayuda. Cuando me encuentro con la unión de su ano y su vagina, quedé en shock. No sabía como actuar, que decir, si mirar o arrancar. Era realmente sorprendente ver a una mujer convertida en la ¡"culo 'e zorra"!

Finalmente, Martita fue llevada de urgencia a la clínica, dónde intentaron cauterizarla sin ningún resultado. Podremos deducir que la separación fue inmediata. Julio "El Pene de Mamut" se fue a África a buscar su media naranja, Martita se ha convertido en una ninfómana, su facilidad para tener sexo anal y vaginal a la vez la ha transformado en una mujer deseada, aclamada, multiorgásmica y exitosa. En las calles siempre se escucha su nombre, mejor dicho su apodo.

-¡¡Ahí va!! ¡¡Ahí va!! La zorra 'e culo, dicen los descarados
-¡Mira! ¡Ahí está! La culo 'e zorra, dicen las viejas copuchentas

Esta historia es real, es cruda, directa y morbosa; pero nos deja una clara moraleja relacionada con una conocida frase: "Lo que no nos mata, nos hace más fuertes".




Mami Steph

02-08-2006

El Monito de Caca

Durante nuestra vida desarrollamos una intensa relación sentimental con nuestra caca. Su aroma repugnante -característico y peculiar-, sus variados sonidos, sus matices, sus colores extraños, aquellos trozos de maíz o semillas que aportan formas estéticas de gran interés visual, transforman a nuestra caca en una obra digna de exposición.

La caca siempre está presente en nuestra vida, siempre es partícipe de alguna situación. Y así fue, como se apoderó de la tarde de sábado de Natalie, quien tranquila bebía con sus amigos en un antro del popular sector de Bellavista. Los redundantes acordes de Marco Antonio Solís sonaban a lo lejos, borrachos deambulantes y jóvenes en busca una borrachera interminable. Fue extraña la mutación del rostro de Natalie, cuando sus intestinos comenzaron a retorcerse en su vientre, para apoderarse de todo su cuerpo. La desesperación por expulsar las heces fecales -que nadaban en un mar de cerveza en su interior- consternaron su mirada. Sus manos sudaban, sus piernas comenzaban a temblar y su estómago comenzaba a utilizar un lenguaje extraño pidiendo a gritos un baño para defecar.

Naty no aguantó un minuto más y comenzó a correr desesperadamente con un rollo de papel higiénico en la mano hacia el baño. Al llegar al asqueroso baño del local, ingresó en una de las casetas y comenzó a expulsar kilos y kilos de caca. La tranquilidad de haber desechado semejante cantidad de caca era casi una sensación etérea, orgásmica y extasiante. Sin embargo luego de limpiar su delicado ano, removido por la expulsión de coágulos de mierda, sube sus pantalones y empieza a sentir un aroma repugnante muy cerca de su nariz. Es entonces cuando Naty da vuelta su mirada hacia el WC y ve ¡un pastel de caca sobre la tapa! Mirándola y riéndose de su actitud borracha. La desesperación de cagar sumada a altas dosis de alcohol la había llevado a defecar sobre la tapa del baño. Putrefacta imagen de caca chorreando un WC marcó la vida de esta muchacha, que en esos instantes volvió a correr pero con una especie de ataque -mezcla de risa, asco, ebriedad y confusión mental- hasta llegar a la mesa y decir textualmente: "¡GUE'ÓN! ¡GUE'ÓN! ¡CAGUÉ SOBRE LA TAPA DEL BAÑO!GUAAAAAJAJAJAJAJAJAJA". Casi sintiéndose orgullosa de semejante acto de decadencia y denigración.

La muchacha no ha vuelto a cagar en baños públicos, y en casos de emergencia se preocupa de levantar la tapa inmediatamente, a pesar de que su estado etílico sea deplorable.

Mami Steph